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lunes, 28 de diciembre de 2009

Canon por la Vida

Canon por la Vida


      Hoy, como ayer y como siempre, me acuerdo de ti. Creo que ante las razones que se ar-

               Hoy, como ayer y como siempre, me acuerdo de ti. Creo que ante las razones que

Deseo vivir y elegir mi destino. Deseo vivir y elegir mi destino. Deseo vivir y elegir mi destino.


gumentan para dejarte en tremenda soledad, desamparo y agonía, sólo me queda recordarte

se argumentan para dejarte en tremenda soledad, desamparo y agonía, sólo me queda recor-

Deseo vivir y elegir mi destino. Deseo vivir y elegir mi destino. Deseo vivir y elegir mi destino.


 y no olvidar que para mañana lo mismo. Porque si no te olvido, entonces te acompaño, te

darte y no olvidar que para mañana lo mismo. Porque si no te olvido, entonces te acompaño,

Deseo vivir y elegir mi destino. Deseo vivir y elegir mi destino. Deseo vivir y elegir mi destino.



quiero, te cuido lo mejor que sé y un poco mejor cada día. Si no te olvido, mi amor (tan limi-

te quiero, te cuido lo mejor que sé y un poco mejor cada día. Si no te olvido, crece mi amor

Deseo vivir y elegir mi destino. Deseo vivir y elegir mi destino. Deseo vivir y elegir mi destino.



tado) crece y te doy calor, te dejo espacio, el mejor, para que sigas libre, a salvo de ideologí-


(tan limitado) y te doy calor, te dejo espacio, el mejor, para que sigas libre, a salvo de ideolo-

Deseo vivir y elegir mi destino. Deseo vivir y elegir mi destino. Deseo vivir y elegir mi destino.



as homicidas, macabras, egoístas e intrascendentes. Deseas vivir y elegir tu destino.

gías homicidas, macabras, egoístas e intrascendentes. Deseas vivir y elegir tu destino.

Deseo vivir y elegir mi destino. Deseo vivir y elegir mi destino. Deseo vivir y elegir mi destino.





Te quiero.

Te quiero.

¿Por qué no?







Dionisio Abenza López te recuerda en el día de "Los Santos Inocentes".

jueves, 24 de diciembre de 2009

HAN DESALOJADO A JESÚS

     Se acerca Navidad y las calles de la ciudad se cubren de luces. Una fila interminable de comercios, una riqueza refinada, pero exorbitante. A la izquierda de nuestro coche una serie de escaparates llaman la atención. Al otro lado del cristal nieva suavemente: ilusión óptica. Después, niños y niñas montados en trineos tirados por renos y animalitos «waltdisneyanos». Y más trineos y Papá Noel y cervatillos, cerditos, liebres, ranas, títeres y enanos rojos. Todo se mueve con garbo. ¡Ah! Ahí están los angelitos... ¡Qué desilusión! Son pequeñas hadas inventadas recientemente como adornos del paisaje blanco. Un niño con sus padres se empina sobre la punta de los pies y observa absorto.

     Pero en mi corazón brota la incredulidad y, después, casi la rebelión. ¡Este mundo rico se ha adueñado de la Navidad y de todo su entorno, y ha desalojado a Jesús!

     De la Navidad ama la poesía, el ambiente, la amistad que suscita, los regalos que sugiere, las luces, las estrellas, los cantos... Piensa en la Navidad para sacar la mejor ganancia del año. Pero no piensa en Jesús.

                                            «Vino entre los suyos y no le recibieron... ».

                            «No había sitio para Él en la posada... », ni siquiera en Navidad.

      Esta noche no he podido dormir. Este pensamiento me ha tenido en vela. Si volviese a nacer haría muchas cosas. Fundaría una Obra que sirviese a las Navidades de los hombres en la tierra. Imprimiría las postales más hermosas del mundo. Crearía estatuas y figurillas con el arte más preciado. Grabaría poesías, canciones antiguas y actuales, ilustraría libros para niños y adultos sobre este «misterio de amor», escribiría guiones para representaciones o películas. No sé lo que haría...

      Hoy estoy agradecida a la Iglesia por haber salvado las imágenes. Cuando hace años estuve en un país dominado por el ateísmo, un sacerdote esculpía estatuas de ángeles para recordarle el cielo a la gente. Hoy lo comprendo mejor. Es una exigencia que se siente ante el ateísmo práctico que invade el mundo por todas partes.

      Realmente este quedarse con la Navidad y excluir al Recién Nacido es algo que apena. Que por lo menos en todas nuestras casas se grite Quién ha nacido, haciéndole una fiesta como nunca.

                                                                                                                                              Chiara Lubich

martes, 17 de noviembre de 2009

INFLAT SE TAMQUAM RANA

  Yo tomaba un dulce árabe y un mi amigo y colega de profesión un batido de dátiles en una tetería. En un principio susurrábamos anécdotas de las clases de Música, pero con el sonido excitante del ney, el oud, el târ, el bendir, las darbukas, carcabás… nuestras voces se hicieron chillonas y de risillas mal contenidas pasamos a carcajadas por lo que los alimentos a medio masticar volaron por entre las mesas y las miradas de los comensales hirvieron de ira. Entonces decidimos marcharnos y no molestar más.

  Avergonzados, caminamos un buen rato en silencio. En una esquina húmeda y fría, desnuda, acordeones y violines rumanos rezumaban tristeza y pocas monedas. Escuchamos sus melodías, pensativos, y pasó mucho tiempo así. Luego, echamos unas monedillas en un sombrero inclinado y cansado y nos alejamos.

  Mi amigo levemente sonrió y me dijo:
  -Quizá, antes, me hubiera enojado por las frecuentes insolencias, cargadas de desprecio,  de algunos chavales hacia el profesor  cuando éste les hace alguna observación musical que hiere su orgullo de grandes profesionales, aunque apenas poseen unos pocos cursos en un Conservatorio o Escuela de Música o, como mucho, tocan en una banda de pueblo que les hace sentir sobrenaturales, como si estuvieran en la Filarmónica de Berlín, más o menos. Te repito que hasta no hace mucho el engreimiento de los ignorantes me tocaba las narices y me alteraba la sangre. Ahora, sinceramente, me da la risa floja porque me imagino a una rana hinchándose, como en la fábula, para ser tan grande como el buey, hasta estallar. Son unos soberbios que se vanaglorian por pequeñeces…

  Para mí, era embarazoso permanecer en silencio, apartando la mirada, para no responder que estaba exagerando y que se le había subido el batido de dátiles a la cabeza.

  -Por cierto, te voy a mandar unos apuntes que hice sobre plicas y barrados por si te sirven –me comentó burlonamente mientras miraba en todas direcciones buscando un posible espía.

  Nos despedimos, aún teníamos que preparar algunas clases.

  Y, sí, efectivamente, al cuarto de hora ya me mandó esos apuntes prometidos. El muy canalla me reenvió unos apuntes que le presté hace años y que encima firmaba como suyos. Bueno, la verdad que no eran nada originales y cualquiera podría haberlos hecho con un buen libro como guía. Como se dice ahora, me limité a cortar y pegar. Un extracto lo cuelgo ahora aquí:

  …como norma general las plicas de las figuras de nota (blancas y figuras de valor inferior) situadas por encima de la 3ª línea del pentagrama se escriben hacia abajo y a la izquierda y viceversa. Por otra parte, las plicas de las notas situadas sobre la 3º línea pueden escribirse hacia arriba o hacia abajo indistintamente:


 Fuente: Las canciones del pueblo español. Juan de Águila (Unión musical española) - Pág. 44

Otro ejemplo vocal:





Ahora, un ejemplo instrumental. En este caso un violonchelo:












…en la escritura guitarrística, por ejemplo, en la que coinciden varias líneas melódicas en un único pentagrama, no se puede seguir la regla general sobre la escritura de las plicas pues éstas han de escribirse en direcciones diferentes para reflejar el contrapunto sin atender a su situación en el pentagrama.
Como ejemplo, unos fragmentos de Estudios para Guitarra de Mauro Giuliani:















O un fragmento de una trascripción para guitarra de una Fuga de J. S. BACH:






















…con el barrado de las figuras es frecuente contravenir a la norma, lo podemos observar en estas piezas para oboe:








…pero, aunque a algunos zurumbos les resulte asombroso porque nunca lo han visto (y si no lo han visto no existe ni es válido, piensan), también es posible barrar las figuras siguiendo la regla general aunque esté cayendo en desuso. Como ejemplo, fragmentos de piezas guitarrísticas en las que se combinan “la ley con la trampa”:

De una Fantasía de Carrulli










De una Fantasía Fernando Sor







De un Divertimento para guitarra Fernando Sor









Polaca Fantástica de Julián Arcas



De un Zapateado de Regino Sainz de la Maza




De las Variaciones del Himno Austriaco de Ronald Ravenscroft



 














Para finalizar, propongo un ejercicio; rodea aquellas figuras de nota cuyas plicas estén mal escritas, inténtalo:



 




Con esto me despido. Abur.



       INFLAT SE TAMQUAM RANA. Se hincha como una rana.

                                                 (Petronio, Satiricón, 74, 13)



Dionisio Abenza López.




viernes, 26 de junio de 2009


El que escribe estas sudorosas líneas te invita a llorar tu suerte con "Lascia ch'io pianga" que igualmente adapté después de que viésemos algunos fragmentos de la película "Farinelli".
Muy buen verano. Adios y con Dios.
Dionisio Abenza López.
Extraordinariamente tendrás que interpretar (instrumentalmente sólo , no estarás para bailoteos) estas danzas renacentistas.

Continuamos con "Tanz".


















Dionisio Abenza López

No fue una sorpresa como la de Haydn; tampoco diste saltos de alegría ni danzaste al son de arpas y cítaras cuando fuiste seleccionado para una misión de alto riesgo en septiembre.
En esta calurosa misión deberás recuperar del olvido tres manuscritos que adapté para el aula de gran valor por su antigüedad. Pertenecen al Renacimiento y al Barroco, siglo XVI y XVIII respectivamente, nada más y nada menos. Un par de danzas, lenta la primera y rápida la siguiente, más un aria de la ópera "Rinaldo" de Haendel.
Empecemos por la Pavana (sugerente nombre ¿verdad?)
Dionisio Abenza López.

jueves, 25 de junio de 2009


Con estos calores ya apetece el primaveral otoño murciano. En el 2º trimestre vuestras flautas de pico hicieron sonar esta partitura que adapté para la clase. En septiembre en la sauna, perdón quise decir aula de música a más de 30 grados, en convocatoria extraordinaria tendrás que interpretarla. Buen verano.
Dionisio Abenza López

sábado, 2 de mayo de 2009

EL DISCURSO

"Hoy es el mañana de ayer, pero con unos meses de amnesia..."

-No se ría usted, caballero. No suena tan ridículo.

"tildes aparte, las luces triunfarán sobre las sombras..."

-¡Ya me está calentando y se me van los demonios! ¡No se ría! ¡Caramba!

Abrevio:
" los términos de movimiento que acaban en -issimo no indican un aumento del grado de velocidad. Ni los que acaban en -etto indican una disminución del mismo. Piénsese que de ser así "Lentissimo" sería más rápido que "Lento" y "Adagietto" más lento que "Adagio".

El problema surge cuando se olvida que estos sufijos italianos no aumentan ni disminuyen velocidades sino el grado de significación inicial del término..."

-Déjeme respirar, se lo suplico. No puedo acortar más. Explicarme mejor sí, pero se hace lo que se puede.

Acabo:
"Lentissimo" se ejecuta más despacio que "Lento", pero "Prestissimo" es más rápido que "Presto" y "Adagietto" se tocará menos despacio que "Adagio", pero una obra musical cuyo movimiento sea "Allegretto" sonará menos aprisa que "Allegro".

De todas formas, observen, manipulen y escuchen un metrónomo. Todo quedará tan claro que se arrepentirán de haber perdido el tiempo oyéndome.

Finalizo mostrando mi agradecimiento..."

- También ustedes deberían.

"a Salvador Seguí ".

-Fin, ¿alguien sabe dónde están los servicios?

Dionisio Abenza López.

CARTA A UN MI AMIGO

"Mi hijo se despertó y, como no podía ser de otra manera, el dinosaurio de Playmobil seguía allí". Jesús Cánovas Gómez.

Después de leer esa, apenas, línea y media; ese fragmento de historia o esa historia completa. Te digo:
Me produce inquietud un texto tan breve. Me lleva a muchas partes. Hay muchos interrogantes, pero narras. Es como un punto, bien de una i, bien de un punto y coma o un punto y aparte o, más bien, seguido o parte de los suspensivos...
Sin embargo, si me olvido de lo que quieres decir y lo hago mío, comienza la ensoñación y creo mi propia historia. Es decir, paso de una ligera rabia a un cierto agradecimiento.

Otra cosa, y es urgente, guíame, ¿cómo se puede sobrevivir cuando se está rodeado de ególatras? Abur.

Dionisio Abenza López

jueves, 26 de febrero de 2009

-íssimo o -issimo. Empecemos por aquí.

Sí, tienes mucha razón: el sufijo italiano -issimo, no lleva tilde. Si lo pasamos al español entonces sí llevaría tilde y le quitaríamos una s, quedando tal que así: -ísimo. Propio de las palabras esdrújulas en castellano.

En resumen, así es como debiera estar redactado en el libro de texto:
Términos de Movimiento Uniforme...
  • Términos que acaban en -issimo e indican un aumento del grado de velocidad. Ej. Vivacissimo
  • Términos que acaban en -etto e indican una disminución del grado de velocidad. Ej. Adagietto
Sí, sí, sí, sí.... ya lo sé. Sigue siendo erróneo; aunque ya hay correcciones, lo incorrecto abunda. Mira, ahora no. Mañana seguimos ¿vale? No, no. Déjame; se me cierran los ojos. Mañana seguimos, te lo casi prometo. Abur.
Dionisio Abenza López

martes, 3 de febrero de 2009

Tal como prometí,
ofrezco una pista:

lunes, 2 de febrero de 2009

ADIVINA, ADIVINANZA



En un libro de música de 2º de ESO al intentar explicar los términos de movimiento uniforme se afirma lo siguiente:
· Términos que acaban en –íssimo e indican un aumento del grado de velocidad.
Ej. Vivacíssimo
· Términos que acaban en –etto e indican una disminución del grado de velocidad.
Ej. Adagietto

¿Dirías esto a tus alumnos y alumnas? Mañana una pista.

Dionisio Abenza López

martes, 13 de enero de 2009

La noche en vela


Éste es un cuento dedicado a los que sobreviven bajo la tiranía del miedo; a los padres y madres que resisten el ataque de familiares, instituciones o gobiernos que les disputan la educación de sus hijos; a todos aquellas personas que sufren en la intimidad del hogar tortura, agresiones, terror, violaciones e incestos miles; pero, también, a la curiosidad e inocencia infantil y al amor hacia lo más sagrado: los niños…

 
LA NOCHE EN VELA

La mortecina luz de la primera vela de la noche apenas penetraba las sombras. Unas niñas dormían intranquilas, muy cerca de alguna pesadilla. Afuera, en el campo, un mochuelo espiaba, invisible, en inaudible acecho. Ocultos, los grillos, dispersos, herían la obscuridad con un monótono canto, casi un “jondo quejío”.

Dos ratoncillas merodeaban tras una escoba, les había dicho su madre:
— ­Seguid durmiendo. Ahora que todos sueñan os conseguiré el desayuno. No salgáis.
Pero, en cuanto la mamá desapareció, las ratoncitas, tímidamente, asomaron sus bigotillos fuera del armario ropero. Luego una patita y otra después y, enseguida, media hermanita tras la otra entera. Primero se aventuraron bajo la cama y como nada ocurría se miraron y pensaron que mamá exageraba, que ya eran mayores y que, también ellas, podrían conseguir el desayuno. En pocos minutos ya estaban detrás de la escoba.

Pulgo, el perro de la casa, se lamía una pata herida. Le había mordido su vecino, un mastín tuerto, por un asunto de huesos. Sabía que algo se tramaba tras aquella escoba, pero de tan corta estatura como para no perder el tiempo ni la calma.

Un niño, semidesnudo, de larga cabellera, dormía y se removía como un hurón, con la ventana abierta, con estrellas rociando el cuarto. Es Martín, el hermano mayor, siempre antipático con las niñas y muy consentido por mamá. Papá no se atrevía a contradecirle cuando mamá estaba presente.
Martín, gustaba reírse de los animales, incluso, a veces, llegaba más allá y los hería al cazarlos con ingeniosas trampas de su invención. Sus dos hermanas pequeñas lloraban de pena. Esto le hacía sentir a Martín importante, aunque fuese por malo, y le daba alas para investigar y crear más mecanismos de caza y tortura. ¿Adivináis por qué Pulgo no tenía cola aunque nació con ella?
— Alguien nos come el grano de la despensa, le dijo aquella mañana la madre a su ojito derecho acariciándole su rubia melena.

No hizo falta más. Enseguida, Martín, se tumbó bajo la higuera y a pensar…
Aquella misma tarde, en el desván, se le oía trastear fabricando su nuevo invento maléfico. Un caza ratones, cruel, con un mecanismo que se accionaba cuando un ratoncito tiraba de un quesito. Entonces le caía encima una verdadera y terrorífica tromba de pegamento líquido. El ratón huiría en tremenda confusión y, para este momento, Martín, colocó cinco dispositivos que a la mínima presión dejaban caer serrín, plumas y diminutos cristales cortantes de color rojo. Esta horrible máquina de sufrimiento la colocó cerca de la escoba que ya hemos nombrado.

Tilda, la mamá de las ratoncitas, había pensado que esa noche ya podrían salir las tres juntas a buscar el desayuno. Estaba orgullosa de sus hijas, tan guapas y buenas; cómo habían crecido. Así que, cuando se cercioró de que todo estaba en calma, volvió al escondrijo para iniciarlas en su nueva vida.
— ¡Qué contentas se pondrán! Pensaba Tilda.

Imaginad qué angustia cuando al llegar al escondrijo no vio a sus hijas. Cada vez más nerviosa las llamaba y las buscaba alrededor del armario por no enfrentarse con el hecho de que, quizás, alguna culebra había entrado en él. Pero, la idea pesaba más y más dentro de su cabecita haciéndola perder la razón. Tropezaba con las cosas; no le llegaba el aire; nada veía, salvo una imagen clavada en su mente: una gran culebra tragando a dos inocentes ratoncillas que imploraban, desconsoladas y solas, en amargo lloro, el auxilio de su madre y ella no estaba allí. Al fin, exhausta, cayó desmayada.

La segunda vela de la noche alumbraba temerosa, temblorosa, un aguijón erguido y amenazante, casi majestuoso. Sí, un escorpión se coló en el pasillo y se movía sin prisas hacia el cuarto de Martín.

Una de las hermanitas, había caído en una terrible pesadilla y, con un alarido, despertó a sus padres que, sobresaltados, corrieron a tranquilizarla.

— He tenido una “peladilla”, decía sollozando, un palo amarillo quería pegarme y yo me escondía bajo la cama, pero se hacía pequeño y me pinchaba en la espalda y salté por la ventana y empecé a volar, pero el palo me perseguía y me pinchaba en los pies, entonces, me metí en el bosque y me encontré con una bruja con gafas redondas y pequeñas que iba montaba sobre un jabalí blanco y me dijo que ella quería mucho a los niños y me llevó con ella, pero yo quería veros y no me dejaba y el jabalí se sentaba en mis pies y no me podía mover y se ponía unas gafas y me leía un cuento y yo ya no quería veros y se me cerraban los ojos y la bruja me puso unas gafas y me entró hambre y me dieron un “bebraje” y desaparecieron mis piernas y luego las manos y la boca, los ojos y, y, y… me cantaban al oído “ahora somos tus padres”.

Mientras tanto, su padre había encendido una nueva vela que enseguida iluminó el pasillo y calmó a la niña, que estaba abrazada a su madre.

El escorpión, pálido, incluso en la obscuridad, sintió el alboroto. Quedóse quieto, expectante, también cuando unos pies descalzos pasaron junto a él. Tras unos segundos, dio media vuelta y avanzó, sin prisas, hacia el cuarto de Martín, como antes os he contado.

Pulgo, cojeando levemente, se había alejado del bullicio repentino y dormía, hecho un ovillo, sobre una alfombra de lana. También él soñaba, entre aromas de azahar y jazmín.
Flotaba por los aires y ladraba y veía que, allí abajo, su amo devoraba, furioso, su pata herida. Su cola reaparecía, convertida en lombriz, asomándose bajo las hojas de una mata de patatas; parecía feliz hasta que llegó Martín con unos zapatos gigantes y la pisoteó… Pulgo se despertó, algo agitado, y suspiró.

Las ratoncitas se paralizaron, con el corazón en la garganta, cuando les sorprendió esta avalancha de gritos y ruidos. Cuánto echaban de menos a su mamá. Cuánto se arrepentían de haber salido sin permiso. Cuánto y cuánto y cuánto… Casi no se atrevían a respirar, agarradas de las manitas, apretujadas contra la pared, tensas como alambres. Se miraron y pensaron que mejor sería esperar; mamá vendría tarde o temprano; mamá era muy lista; mamá las encontraría.

Tilda volvió en sí y recomenzó la búsqueda. Esta vez no había más remedio que adentrarse en el interior del armario y enfrentarse a la realidad. Qué profundo alivio cuando advirtió que no había signos de violencia ni huellas de culebra. En el fondo se esperaba que estas pillastres se fugaran la noche menos pensada.
Al menos tres cuartos de vela tardó en encontrarlas. Las ratoncitas sollozaban hundiendo sus bigotillos en la suave tripita de mamá. Tilda las besaba y les lamía las lagrimillas…

Martín, inquieto, como un depredador, desde el barullo que había armado la tonta de su hermana, perdió el sueño y ya sólo pensaba si alguna presa habría caído en su trampa. Aún dejó pasar un buen rato antes de incorporarse.

La vela agonizaba, serena, con algo de luz y demasiadas sombras.

Cuando Martín metió el pie en el botín, ¡Zas!, sintió un aguijonazo, doloroso como una llama bajo el dedo, como diez avispas furiosas picando a la vez.

— ¡Uaaah! ¡U, u, u, uaaah! ¡Socorrooooooo! ­­– este era el gran discurso de Martín mientras se dirigía, sin darse cuenta, por el pasillo, cojeando, hacia la trampa que había preparado cerca de la escoba.


Tilda asió con fuerza a sus hijitas cuando un gran temblor las lanzo contra la pared. Enseguida unos terribles aullidos paralizaron sus cuerpecitos.
La casa abrió los ojos, parecía la guerra; gritos, oscuridad. Clamaba al cielo, pedía un milagro para que cesase tamaño horror.

Martín se revolvía por el suelo agarrándose ora el pie emponzoñado ora el otro pie pegajoso, emplumado y sangrante por vidrios rojos.

Pulgo creyó que esos aullidos y rugidos eran de un fiero animal que atacaba en la oscuridad el hogar de sus amos. No lo dudó, al punto, estaba llenando de dentelladas a ese ser infernal…



Al alba, la casa quedó en silencio, pero no desierta. Un escorpión amarillo, casi transparente, deambulaba, errabundo, tratando de salir y ocultarse en el frescor de una piedra.



Dionisio Abenza López

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